Rawan describe su huida de Siria para escapar del conflicto armado y cómo su madre la salvó de un matrimonio indeseado.
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Assembly

3 de enero de 2019 | Volumen 1, edición 7
  Un mensaje de Malala:
Cuando cierro los ojos y pienso en mi niñez, veo los bosques de pinos y las montañas coronadas con nieve; oigo el agua que corre por los ríos; siento la calma bajo mis pies. El valle de Swat, en una época conocido como la Suiza del Este, es el telón de fondo de todos los recuerdos más felices de mi infancia: correr por las calles con mis compañeras de clase, escuchar a mi mamá conversar durante el té de la tarde en nuestro hogar y a mi papá hablar de política con sus amigos.

Todo esto comenzó a cambiar en 2004. Yo solo tenía seis años, de modo que no noté nada al principio. Sin embargo, al pensar en esos años, mis recuerdos están matizados por el temor que seguramente se reflejaba en los ojos de mis padres. Y luego, cinco años más tarde, mi querido Swat dejó de ser un lugar seguro y nos vimos obligados a abandonar nuestro hogar junto con cientos de miles de personas más.

Hoy en día, hay más de 68.5 millones de personas que viven como refugiadas o desplazadas del lugar donde vivían, con recuerdos de sus hogares que también están nublados por las razones de su huida. En mi nuevo libro, “We Are Displaced”, comparto el relato de mi desplazamiento, así como las historias de otras niñas que, como yo, fueron obligadas a dejar sus hogares por conflictos, pobreza o discriminación.

Esta edición especial de Assembly destaca un ensayo escrito por Rawan, una niña de 14 años que describe su huida de Siria para escapar del conflicto armado y cómo su madre la salvó de un matrimonio indeseado.

Es por Rawan y por las millones de niñas desplazadas que escribí este libro. Es por ellas que lucho. Porque todas las niñas deben vivir en un mundo donde puedan aprender y ser líderes sin temor.

Malala
 
 
Ensayo estudiantil
 
 
 
“Tenía nueve años cuando un hombre decidió que quería casarse conmigo”
Rawan
  By Rawan
Rawan, una refugiada siria, escribe sobre la valentía de su madre para salvarla de un matrimonio indeseado, y por qué está contenta de ir a la escuela.

Tenía nueve años cuando un hombre decidió que quería casarse conmigo. Yo estaba con mi madre, quien trabajaba vendiendo cosméticos, cuando el hombre me vio por primera vez. Esto fue hace seis años, cuando mi familia aún vivía en Alepo, Siria.

Poco tiempo después, me mudé a Turquía con mi familia, debido a la guerra en casa. Sin embargo, tuvimos que regresar a Siria cuando no pudimos pagar el alquiler. Fue entonces cuando mi padre desapareció. Salió un día a buscar trabajo y no hemos vuelto a verlo desde entonces. Hace un año y medio, mi madre, mi hermano y yo regresamos a Turquía con mi tío.

Incluso en nuestro nuevo hogar, la familia del hombre nos localizó y me pidió que me casara con su hijo. Mi madre no estuvo a favor del matrimonio. Yo era demasiado joven, declaró. El hombre tenía 28 años, el doble de mi edad. Ella intentó razonar con mi abuelo y mi tío. Sin embargo, le dijeron que debía casarme y convertirme en ama de casa. Me obligaron a usar un anillo.

El hombre no me dejaba sola e iba a mi escuela a verme. Mi madre habló con los administradores e hicieron arreglos para que un autobús escolar pasara por mí a casa y me llevara directamente a la escuela, para que no tuviera que verlo.

Afortunadamente, mi madre era fuerte. Se opuso a ellos y le puso fin al compromiso matrimonial.

Luego, a altas horas de la noche, diez hombres armados llegaron a nuestra casa y nos amenazaron. El hombre le dijo a mi madre: “Me llevaré a su hija, ya sea que usted esté viva o muerta”. Ella respondió: “Solamente se llevará a mi hija sobre mi cadáver”. El hombre intentó convencerme de que me casara con él, prometiendo cuidarme y comprarme ropa.

Nuestros vecinos oyeron el ataque y llegaron a rescatarnos. Uno de ellos fue herido de un disparo al intentar ayudarnos. Los hombres exigieron que les repusiéramos el costo del anillo, 5000 liras turcas. Un vecino le prestó el dinero a mi madre, una deuda que aún está pagando.

Después de recibir el dinero, los hombres se fueron y, afortunadamente, no hemos vuelto a verlos desde entonces.

Ahora estoy en el octavo grado y me gusta mucho la escuela. Es importante para mí alcanzar mi sueño de convertirme en actriz de televisión, aunque mi madre quiere que sea médica.

Pude permanecer en la escuela porque tengo una beca de Mavi Kalem. Ya no tengo que hacer ropa para ganar dinero y pagar mi educación. Ahora, puedo centrarme en mis clases. Estoy feliz de haber dejado atrás el pasado y de trabajar para lograr el futuro que elija.
 
 
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